«Me llamo Mariana Hernández Díaz, crecí rodeada de cuadros, libros y discos de jazz, fui bautizada por el agnosticismo y enseñada a creer en todas las culturas y sus talentos. De todas ellas, Asia siempre me llamó la atención desde niña».

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SOBRE  MÍ

«Soy acupuntora e intérprete de artes taoístas».

Mi primer contacto con la acupuntura fue a través de mis abuelos a los 7 años y entre una cosa y otra me fui haciendo con los años fan de la cultura asiática.

Estudié Prehistoria en la universidad y Música, a la cual me dediqué muchos años. En uno de mis últimos conciertos mi camino se bifurcó y decidí estudiar y profundizar en lo que hasta entonces era una gran admiración.

Ahora me dedico a ello de vocación y de corazón.

MI TRABAJO

«Creo en el cambio y en la evolución de las personas, creo en el ser humano, en las cualidades de cada uno y en el potencial que llevamos dentro».

Ya sea por genética, por edad, por somatización, por una mala postura o de origen idiopático, el desorden que sea no es agradable.

Mi trabajo en la consulta es ayudaros con esa patología o ese dolor a través de todas las herramientas que tengo en mi mano, con el objetivo de aliviar los síntomas e incluso poder mitigar la patología en sí, que en muchos casos puede desaparecer con trabajo paralelo al del físico.

ORIENTE Y OCCIDENTE

«Qué mundos tan diferentes y cuán unidos han estado siempre a pesar de la distancia, los muros, los idiomas o las guerras».

A lo largo de la historia nos hemos intercambiado todo tipo de productos y conocimientos y hemos querido nutrirnos de lo que el otro poseía, ya fuera material o sapiencia, aunque en ocasiones algunas conductas no lo permitieron.

El sentido espiritual de ambos es enormemente profundo, cierto es que uno es más racional y otro más sensorial, pero ambos han pretendido siempre alcanzar el sentido máximo de lo que nos rodea.

En la medicina, también uno es y ha sido más analítico. Aproximadamente desde el s.II, Occidente ya comenzó a descomponer y a estudiar la enfermedad buscando una explicación científica, mientras que Oriente nunca olvidó ni separó lo intanglible de lo tangible. Para ellos la enfermedad no sólo es materia sino que consideran implicados también otros elementos incorpóreos.

Este arquetipo médico-filosófico en occidente, que en su tiempo llegó a alcanzar un gran esplendor, desapareció debido al auge de la ciencia y su énfasis en la experimentación, la demostración y la rigurosa explicación científica de los hechos que nos rodean dejando de lado todo aquello que no pueda ser demostrado y comprobado irrefutablemente.

Ante este desprecio hacia las sabidurías antiguas, muchas disciplinas quedaron relegadas al ostracismo y al olvido, apartadas de los estudios universitarios y burladas como esoterismo, supersticiones, magia, brujería u ocultismo.
Del mismo modo, el saber oriental quedó exiliado al campo de las creencias y su objetividad absolutamente mal entendida, cuando en el fondo su concepción es más amplia, profunda y elevada.

MI VISIÓN

«En Occidente, vivimos y analizamos el sentido espiritual oriental desde una despótica obviedad».

Una frase taoísta como“ Cuando se va el frío, viene el calor; cuando se va el calor, viene el frío”, en Asia se siente y piensa desde una humilde y receptiva  enseñanza con ánimo de alcanzar su significado.

Es un modelo de pensamiento que perdura en el presente y está arraigado en su cultura. Es una forma de sentir pura y claramente asiática.

En Occidente, se vive ahora un apogeo espiritual y un auge en el interés por practicar estas artes milenarias “mágicas”,usando peligrosamente palabras y conceptos orientales que, como dice Jung, “jamás se hubieran originado en cerebros europeos”.

Chakra, karma, dharma, tantra, mantra, moksha, pooja, samsara, zen, tao, nirvana…

Son palabras que usamos comúnmente sin entender bien la profundidad que alcanzan y que conocimos apenas hace 60 años, mientras que en Oriente están arraigadas en su lengua y su cultura desde hace milenios.

Y es que no podemos obviar nuestra raíz racionalista! Nuestros filósofos (a excepción de los pre-aristotélicos) disertaban sobre el más allá en el Partenón, razonando y analizando el alma, mientras los pensadores orientales dedicaban su vida al silencio, la meditación y al sentir del la misma.

¿Qué hacemos entonces?

Porque no deberíamos burlar técnicas milenarias, mejoradas generación tras generación y de resultados tan asombrosos.

Tampoco practicar las mismas sin consciencia ni conocimiento, como si fueran fáciles…

Tampoco se trata de despreciar la ciencia que tantas vidas ha salvado, ni tampoco de alabarla como única herramienta de salud.

Son dos mundos muy distintos que la vida parece querer amalgamar y por su puesto, un rechazo mutuo sería una involución más que un progreso.

Debemos entenderlo, unos y otros, desde el lugar del que se proviene y en que se vive.

En mi consulta, practico técnicas orientales que implican lo incorpóreo y trabajo sin olvidar nuestro peso histórico de pensamiento.

Creo fielmente en la reunión de ambos mundos y en su efecto resultante.

Nos necesitamos mutuamente para acabar de formarnos.

Requiere conocerse, trabajarse, mucho tiempo y calma.